miércoles, 9 de enero de 2008
viernes, 23 de noviembre de 2007
La Arcadia IV (20 de Noviembre 2007)
Si hay un auténtico icono pop ese es Françoise Hardy. Todavía en activo (y de forma brillante, por cierto), esta atractiva francesa fue una de las cantantes más representativas de la música pop en la década de los 60’s. Su dulce forma de cantar y su impresionante personalidad hizo que el director de cine Roger Vadim se fijara en ella y la eligiera para interpretar su primer papel como actriz en “Château en Suède” (1963), película en la que intervenía Monica Vitti. También participó en el Festival de Eurovision de 1963, en representación de Mónaco, con la canción “L’amour s’en va“, quedando en quinta posición
Talento y belleza a raudales en esta Tous les garçons et les filles de 1962
Luciano era un hombre sencillo, trabajador, culto a pesar de haber recibido poca educación escolar, con un gran sentido del humor y de la libertad, dedicado a su familia, su trabajo y sus aficiones. Le gustaba resolver jeroglíficos y coleccionaba sellos y monedas.
Luciano era mi padre y durante toda su vida mantuvo vivo un sueño: viajar a Buenos Aires.
No sé en que momento preciso surgió esa pasión por todo lo argentino, pero siempre le acompañó y de uno u otro modo influyó en su familia.
Yo crecí escuchando a Gardel, aún guardo sus discos de vinilo con las carátulas gastadas por el uso. Escuchar un tango es para mí mucho más que regalar a mis oídos melodías fantásticas, es evocar mi infancia, recordar a mi padre.
“Volver”, “Adiós muchachos”,”El día que me quieras”,“ A media luz”, “Caminito”, “Mis Buenos Aires querido”.. y muchos más, son un legado, son un tesoro que guardo junto con pedazos de mi vida que misteriosamente selecciona la memoria para recordar cuando te lo pide el alma.
Luciano hablaba de Buenos Aires como si ya hubiera recorrido sus calles, solo cuando soñaba podía permitirse ese largo viaje.
Viví la muerte de mi padre muy de cerca y le acompañé hasta el final, días antes estuvimos hablando,- me voy a perder muchas cosas- me dijo, hizo una especie de listado de preferencias y entre ellas estaba ese viaje a Buenos Aires tan deseado durante toda su vida.
Le prometí que ese viaje lo haría yo algún día, que recorrería sus calles y miraría sus gentes, miraría por él y para él .Cumplir esa promesa será abrir y ver a través de una ventana que siempre estuvo cerrada para él.
Miraré hacia arriba porque estoy convencida de que mi padre está en el cielo de Buenos Aires.
Estábamos solos, abrazados
a la brisa que a sí misma se abraza,
al deseo en los párpados del mar.
La luna arriba, más delgada
que las palabras
desprendidas de un sueño oscuro y sin palabras.
El dorso de la mano en la mejilla,
la palma en la raíz de la cintura.
<
Solos, abandonados en la noche,
sin otra luz que la de las palabras
en un cielo sin luna.
<
por el grito feroz de las gaviotas,
palmas y labios, cuellos, todo carne delgada para el sol>>.
PRIMERA NOCHE
Despierta la impaciencia.
En la cal de los pasos de un fantasma
se mojan con el barro desteñido.
Él mira su reloj exigiéndole que se apure.
El único diario existente aparece con títulos pálidos.
Todos lo compran por costumbre.
La avenida está casi lista, sólo algunas esquinas siguen heridas.
Julio llegó como siempre en Julio, puntual.
Otra vez presente.
La borra del café se estanca en el fondo de un pocillo.
Ya lo despojarán con agua y detergente, es el ritual.
Él mira su reloj diciéndole que se apure,
más no sabe que su hora tiene los minutos contados.
SU HORA
Salvador Moncada
CRÓNICA LITERARIA Antonio Cuartero
Este 3 de Diciembre se cumplen el 150 aniversario del nacimiento de Joseph Conrad (1857-1924) escritor polaco nacionalizado inglés que escribió toda su obra en esta lengua.
Su biografía es digna de escribirse. Fue educado en Polonia por sus padres, que murieron y luego por su tío hasta que con 17 años se enroló en un barco como marinero donde tuvo turbulentos problemas con el tráfico de armas. Viajo por Venezuela, Colombia, Martinica, el Mar del Norte, Australia y los mares de Oriente, El Índico, Malasia, Sumatra y Java. Dejando constancia de todos estos viajes en sus libros
Es esta una buena oportunidad para volver a releer a Conrad o si todavía lo habéis hecho de iniciar su lectura entre el viaje exterior y la aventura interior.
Algunos temas se respiran en el aire de un tiempo; también están en la trama de una vida. El ámbito imaginado es aquel con el que fantaseamos, de tanto verlo desde lejos o porque nos lo contaron, y deseamos conocer. Mientras tanto, basta la fachada, una foto o un folleto turístico para que rueden las imágenes y completemos el lugar desconocido. La escritura es un medio apto para conseguirlo.
Margueritte Yourcenar
Comentarios a medianoche de Antonio Cuartero
TUAREG. ALBERTO VÁZQUEZ – FIGUEROA
“– Lo que el desierto quiere para sí, es del desierto –decían-. Alá proteja al que trate de arrebatarle su presa…
Gacel ambicionaba tan sólo desvelar su misterio; la razón por la que tantas bestias y tantos hombres desaparecieron sin dejar rastro, y cuando se encontró por primera vez en el corazón de una de las tierras vacías, lo comprendió pues se podría pensar que no setecientos, sino siete millones de seres humanos se diluirían fácilmente en aquel abismo horizontal del que lo extraño era que alguien, no importaba quién, saliera con vida.
Gacel salió. Por dos veces. Pero imohags como él no había muchos y por ello el Pueblo del Velo respetaba a Gacel el Cazador, inmouchar solitiario que dominaba territorios que ningún otro pretendió nunca dominarla”
Así describe Vázquez Figueroa a Gacel, el tuareg protagonista de su novela con el mismo nombre. En ella nos adentraremos en el ardiente desierto, de la mano de un hombre, que lleva a su espalda la cultura de una raza legendaria, absorbida casi completamente por la modernidad, capaz de sobrevivir, adaptarse y vivir en una de las zonas más duras del mundo.
Veremos cómo Gacel, siguiendo una de sus más preciadas tradiciones, proteger a sus huéspedes, pondrá en jaque a todo un ejército, incapaz de enfrentarse a la sabiduría de un tuareg de su medio natural, el desierto. Así con cuatro camellos, y su huésped, se adentrará en una de las peores zonas del desierto donde ni siquiera sus conocimientos y sabiduría le servirán de mucho, solo el destino, la suerte o un Dios podrán sacarlo con vida.
Lo consigue, sin embargo hay algo para lo que un Tuareg, o imohags como se denominan ellos, no pueden luchar. No pueden luchar contra un medio desconocido para ellos. Gacel no podrá enfrentarse al mundo civilizado, la ciudad se convierte en lo que desierto para nosotros.
Solo de la pluma de Alberto Vázquez- Figueroa pueden salir relatos como este pues su biografía lo alaba. Nació en 1936 en Santa Cruz de Tenerife, vivió en Marruecos y el Sahara. Luego estudio periodismo, y estuvo trabajando durante quince años como enviado especial de diversos medios asistiendo a las guerras y revoluciones, de Guinea, Chad, Congo, República Dominica, Bolivia, Guatemala. Posteriormente se ha dedicado por entero a la creación literaria publicando más de cuarenta libros, entre los que podemos destacar Ébano, Manaos, Océano, Yáiza, la serie Cienfuegos, La iguana, Nuevos dioses y un largo etcétera. Nueve de sus novelas han sido adaptados al cine, y es uno de los autores españoles contemporáneos más leídos en el mundo.
¿Quién se ha resistido a subrayar con lapicero ese libro de edición humilde, baqueteado por mil mudanzas, que en algún momento de nuestra vida fue nuestro vademécum espiritual? ¿Quién ha logrado sustraerse a la tentación un tanto petulante de creer que un libro cualquiera ha sido escrito ex profeso para nosotros, para alivio de nuestras zozobras, para consuelo de nuestras más secretas desolaciones? Hemos acudido muchas veces a los libros como quien consulta un oráculo, seguros de que entre su bosque de palabras encontraremos la combinación exacta que nos interpela, esa frase o verso o versículo que condensa nuestro estado de ánimo y nos propone soluciones clarividentes que un segundo antes ignorábamos, aunque anidasen en algún recoveco poco auscultado de nuestra conciencia. Entonces tomamos un lapicero y subrayamos esa frase capturada al albur, seguros de que en ella se perfila la fisonomía de nuestro porvenir, o escribimos con letra deslavazada y premiosa un escolio que en cierto modo adquiere la naturaleza de un diario apenas esbozado.
Luego, cuando pasan los años y nos hemos convertido en otra persona distinta, cuando aquel muchacho atribulado que fuimos yace sepultado entre hojarascas de olvido, volvemos a ese libro que en otra época alumbró nuestras inquisiciones, como quien se adentra en un sendero de pasos borrados. En las páginas ya amarillentas del volumen descubrimos anotaciones nerviosas, apostillas ilegibles que, una vez descifradas, se nos antojan banales, porque ya no se conjugan con el estado de nuestro ánimo. Recorrer ese libro que en otra época fue nuestro cicerone interior nos despierta una sensación ambigua de extrañeza, casi de extranjería, hasta que, de repente, como un rayo de medrosa luz que logra colarse entre la fronda, una palabra subrayada nos retrotrae a nuestro pasado, nos enfrenta en el espejo de la memoria al joven borroso que en otra época nos habitó, y es como si se abriese –con ruido de goznes herrumbrosos—una escotilla que conduce a las galerías subterráneas donde anida una existencia que ya creíamos fallecida. Gracias a esos subrayados humildes volvemos a saborear, como recién estrenados, sentimientos fósiles que algún día lejano nos poseyeron; y es como si hubiésemos ingerido un bebedizo o elixir que nos permite vivir otra vez –sin nostalgia, con una impresión de vívida nitidez— pasajes de nuestra vida que parecían clausurados para siempre.
Esta sensación de muy sabroso desconcierto que experimentamos cuando un libro nos susurra entre líneas los contornos huidizos de la persona que fuimos adquiere una calidad distinta, más fantasiosa pero no menos placentera, cuando el libro subrayado o anotado perteneció a otra persona de la que ya nada sabemos. En los volúmenes que tomamos prestados en las bibliotecas o repescamos de los cajones de saldos de alguna librería anticuaria nos topamos con frecuencia, junto a flores prensadas que delatan algún amor arqueológico o billetes de tranvía que rememoran alguna cita clandestina, con escolios y subrayados que nos hablan de antiguos poseedores de los que nada sabemos, pero que a través de ese vínculo desvaído nos hacen confidentes de su soledad. Y entonces, llevados por una vocación de novelistas reprimidos, jugamos a reconstruir imaginariamente la biografía de ese lector remoto y desconocido, jugamos a figurarnos sus vicisitudes, el azogue de júbilos y tristezas que entretuvo sus noches, y en este ejercicio de introspección ajena podemos pasarnos horas enteras, como un diablo cojuelo que alza los tejados del vecindario y escruta intimidades que no le incumben.
JUAN MANUEL DE PRADA
Mi biblioteca: La revista del mundo bibliotecario
La Arcadia II (13 de Noviembre 2007 / Etapa Onda Litoral)

Amé.
Es incomprensible como el temblor de los árboles.
Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y
la música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?
Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué
fue existir entre cuerdas y espíritus?
¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?
Es extraño:
solamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño:
ahora, el amor
habita en el olvido.
Súplica
Vienen los números y las lágrimas.
Y tú, ¿quién eres? ¿Yo mismo?
Tú que conoces a los pájaros que se alimentan en mis venas,
muéstrame la inexistencia, llévame dulcemente,
de tu mano, a la nada.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) vive en León. Es autor de títulos como Blues castellano, Descripción de la mentira, Libro del frío o Arden las pérdidas, recogidos en el volumen Esta luz (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), que reúne toda su obra poética escrita entre 1947 y 2004. En 2006 fue galardonado con el Premio Cervantes y con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ese mismo año terminó Un armario lleno de sombra, título provisional de sus memorias de infancia, que permanecen inéditas. Los poemas 'Aún' y 'Súplica' también son inéditos.
Si supiera donde van los pájaros cuando mueren, me iría con ellos, se dice a sí mismo Juan, mientras contempla cómo el atardecer se mete lentamente en el Sena.
- Hoy vamos a desmitificar
Era una noche preñada de estrellas primogénitas. Estaban al otro lado del Atlántico. Era habitual que compartiesen esos diálogos condimentados con poesía. Se inspiraban en los duendes de Girondo, Benedetti, Lorca y Neruda. Se conocieron en 1995; en la elección de
Juan estaba sentado con tres amigos treintañeros, con los que en ese tiempo era inseparable. En la mesa de enfrente, cinco chicas charlaban desinhibidamente, ayudadas por una pizca de champán.
Juan se fijó en la del vestido corto blanco, piernas largas, piel tostada y sonrisa de miel. Levantó su copa y dirigiendo la mirada hacia ella le guiñó un ojo. Ella interrumpió su sonrisa y levantó la suya sonrojada. Después pasaron juntos el resto de la fiesta. Los años avanzaron en la repetida escena de mirame y no me toques pero no dejes de mirarme, en interminables escaramuzas de seducción.
Desde el puente, Juan ve barcas llenas de turistas que apuntan sin pudor sus cámaras fotográficas al paisaje.
La brisa levanta con timidez las primeras hojas víctimas del otoño. El olor a humedad se hace intenso.
Lleva una semana sin dormir. Pero no tiene sueño. Sólo recuerdos. Siete días atrás la esperó en el aeropuerto, la notó distinta, era otra persona pero en el mismo cuerpo que él recordaba.
La chica de piernas largas, piel tostada y sonrisa de miel era una cáscara, una mueca absurda.
El amante insomne
Salvador Moncada
No es extraño que en los últimos tiempos la literatura se haya convertido en el instrumento para salvar la memoria e intentar explicar episodios que la historia dejó apenas desvelados o diseccionados con frialdad de bisturí aséptico. La literatura recrea la vida, calienta los recuerdos con el látigo de la sangre color de tinta, insufla aire a los recuerdos extinguidos, llena de carne el pellejo seco de la memoria.
Memorias del horror / Eva Díaz Pérez / Revista Mercurio
La literatura es un refugio, un lugar donde todo puede ocurrir, donde se puede reaccionar con violencia o sublimidad; donde es bueno sentir melancolía o temor, o incluso fracasar, o equivocarse, o amar a alguien, o desear algo profundamente y no llamarlo por otro nombre; no sentir vergüenza por ello, es un lugar para sentir profundamente.
Toni Morryson
Comentarios al la media noche por Antonio CUARTERO
Peter Pan. J.M. Barrie
Todos conocemos a Peter Pan. Conocemos a Campanilla y Wendy, y el País de Nunca Jamás. Pero al comenzar la magnífica obra de Barrie os llevaréis la más grandes de las sorpresas. Todavía no conocéis verdaderamente a ninguno de estos personajes. No conocéis al verdadero Peter Pan.
Poco os voy a contar de la historia de Peter Pan, esa que todo la conocéis, como Peter entra por la ventana junto a Campanilla y se lleva a los niños de la familia Darling, John, Michael y Wendy, al País de Nunca Jamás donde corren miles de aventuras.
Esto es lo que nos ha mostrado Disney y sus cuentos pero la novela de Barrie nos descubre el verdadero mundo de Nunca Jamás. Donde Peter Pan es un niño no tan bueno, ni tan inocente, solo es un niño sin madre que no quiere crecer. Donde su tendencia a olvidar hace que Wendy sienta terror, donde Campanilla según palabras del autor “tenía una ligera tendencia a engordar”, donde los niños del País de Nunca Jamás buscan desesperadamente a una madre, donde los indios y piratas están en una guerra continúa. Y Garfio busca sin descanso su venganza seguido de un siniestro tic-tac. Y Peter Pan es el rey de este mundo, pero es un rey niño.
Mirando detenidamente entre sus páginas descubriremos cosas muy interesantes como una especie de parodia entre los roles establecidos de la pareja que se refleja perfectamente en el comportamiento de los padres de Wendy. Entre la autoridad, reflejo de ello al autoridad que ejerce Peter entre los Niños Perdidos, el liderazgo de la misma manera, o en los roles de cada miembro del grupo.
Luego esa crítica a la educación y al papel de los padres, ejemplo de ella la conversación de los padres de Wendy sobre el dinero que les cuesta tener otro hijo, simplemente magistral. O la crítica a ese sentimiento patriótico como algo infantil y ridículo.
Pero Barrie también dejo un precioso rastro de imaginación. Muestra de ella el papel de Nana, la perra niñera que aceptamos con total naturalidad. O esa muestra de genialidad y originalidad con la sombra de Peter, o quizás lo mejor sea ese sentimiento a no crecer nunca, de no querer ser mayor, de ser siempre un niño, con los problemas de un niño.
James Matthew Barrie fue un novelista y dramaturgo escocés. Nació el 1860 y miro en 1937. Tuvo una infancia traumática provocada por la temprana muerte de su hermano mayor y la indiferencia de sus padres. Pero a pesar de ello salió adelante como escritor y entre sus amistades universitarias conoció a Arhtur Conan Doyle (el autor de Sherlck Homes) y Rober Louis Stevenson (La Isla del Tesoro). Según la leyenda Barrie conoció un buen día a la familia Llewelyn Davies en los Jardines Kensington y es de esta familia fue donde Barrie se inspiro para crear a Peter Pan. Además cuando los niños de esta familia quedaron huérfanos él se convirtió en padre y guardián. Así nació nació Peter Pan en 1904 como obra de teatro y siete años después, debido al tremendo éxito que había cosechado en Londres paso a narración.
Una de las mayores controversias que ha creado esta obra ha sido por sus derechos de autor que no quedaron muy claros y por lo tanto y son más de cien años de disputa de estos derechos. Además son muchas las secuelas literarias que han salido aparte de las archiconocidas versiones de Disney y demás películas.
Pero Peter es algo más, es una obra para todas las edades o quizás sería más correcto decir que es una obra para todos los momentos de la vida pues veremos y aprenderemos cosas nuevas de su lectura. Mantengamos viva el alma de este libro con la fuerza que nos dio su autor, nos dio la fuerza de CREER, de mantener viva la esperanza, la esperanza de que algún día sin importar la edad que tengamos, abra las ventanas Peter Pan junto a Campanilla y le preguntemos:
-¿Cómo te llamas niño? –
- Peter Pan
- ¿Y dónde vives? –
- Segunda a la derecha –dirá – y luego todo recto hasta el mañana
Crónica literaria de Antonio Cuartero
No hay mayor gusto que desvelar un secreto, y más aún si son obras inéditas de un escritor importante. Así se nos presenta Ciao, Verona un relato inédito del escritor Julio Cortázar, que ha sido descubierto recientemente, donde se muestra la más pura escritura cortaziana.
La historia de este relato es oscura, solo el autor supo porque no se incluyo este relato en sus dos últimos libros, quedando de esta manera inédito, hasta que su viuda y albacea Aurora Bernárdez donó a Carmen Balcells una colección de manuscritos del autor donde se descubrió este relato inédito. De esta manera el lector descubrirá algunos secretos más del gran Cortázar volverá a sumergirse en su atmósfera, una atmósfera que ha estado treinta años oculta
El País publico el relato integro en su suplemento cultural Babelia el sábado 3 de Noviembre, solo aquellos que lo compraron podrán leerlo pues en su edición digital no fue publicado y todavía no se sabe cuando se publicará.
Programa 8 de Noviembre (Nueva etapa Onda Litoral / Torremolinos)

Pero hay una novedad, propia de nuestro tiempo. El desdeñoso profesional, el envidioso gratuito y universal ha dado un paso, el que en cierto modo ilustraba la viñeta de Forges. En vez de limitarse a recelar y rabiar, o a alzar la barbilla con anticipado desprecio, se ha dicho: "¿Y por qué no yo?" En gran medida se debe, a buen seguro, a que ha comprobado lo barata que hoy sale la fama. Para gozar de ella basta con acostarse -o contar que uno se ha acostado- con la persona adecuada; o participar en algún oligofrénico reality show; o insultar mucho en un blog; o cometer algún crimen estúpido (eso está al alcance de cualquiera); o lanzar mordiscos y aullidos por la mañana desde una radio eclesiástica; o participar en inoperantes tertulias radiofónicas o televisivas para no opinar, sino sencillamente soltar la primera y frívola sandez que se le venga a uno a la cabeza. El siguiente peldaño se sube casi sin querer, y así tenemos un país lleno de jovencitas vulgares que intentan ser supermodelos; de personas incapaces hasta de entonar, empeñadas en ser cantantes; de individuos que no saben lenguas -ni siquiera la propia-, dedicados a traducir; de cuasianalfabetos escribiendo libros; de inexpresivos aspirando a ser actores; de incompetentes convertidos en ministros, consejeros autonómicos o alcaldes; de sinvergüenzas ejerciendo de jueces; de seres inarticulados haciendo de locutores; de alfeñiques decididos a ser jugadores de rugby. Y como no son pocos los ineptos que consiguen lo que se proponen, ese "¿Por qué no yo?" empieza a estar justificado. No siempre, claro está, y así España se ha convertido en el país más alejado de la realidad, en el que lo raro es que se tenga conciencia de las propias limitaciones, en el que la modestia es una excepción y a casi nadie le faltan pretensiones. También, por tanto, en el país más expuesto a las frustraciones, que a su vez traen resentimiento, mala leche, odios irracionales y esa envidia universal ya descrita.
Javier Marías
¿Y por qué yo no?
El pais semanalHIJA DEL VIENTO
Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
A Gabriela Mistral
Alejandra Pizarnik
Subió al escenario una mujer pequeña de pelo entrecano recogido en la nuca. Muy austera, vestida de oscuro, era fácil que pasara inadvertida. De pronto, cuando se sentó, vi sus zapatos. Eran rojos. Rojos como los de
Baja y contundente, las verdades que decía con una voz tranquila me la recordaron una vez en México, cuando la conocí en un banquete en
El 26 de octubre de 2001, hace seis años, Doris Lessing recibió el Premio Príncipe de Asturias. La vi en Oviedo unos días antes porque dio una conferencia en la universidad. Esos días de Oviedo fueron un sueño. Desde la ventana del hotel veía la aguja de la catedral iluminada. Las calles sin coches me parecieron tan entrañables como las estatuas. Doris Lessing era una de ellas, caminaba recatada y a cada momento Charo y yo nos tropezábamos con sus palabras de mármol y de bronce. Había ido a inaugurar la biblioteca que Marta Portal donó a Oviedo y Charo Alonso y yo coincidimos con Doris Lessing. En su discurso frente al príncipe de Asturias hizo un alegato a favor de la integración de las distintas culturas: "Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existía, y era respetada, la persona culta". Y terminó: "Cuando me siento pesimista por la situación del mundo, a menudo pienso en aquella época, aquí en España, a principios de
Al leer El sueño más dulce -definitivo para enterrar los ardores comunistas según Charo Alonso- siento tristeza. Repito cabizbaja una de las respuestas de la ganadora del Premio Nobel 2007. "Los idealistas son gente muy peligrosa. Las utopías convierten a los hombres en salvajes que se matan los unos a los otros".
Contigo nunca me siento desamada,
Si pierdo el rumbo, si me desoriento
Tomas mi mano y me devuelves el Norte,
Y si te pierdes tú
Soy yo la que toma tu mano
Y te regreso.
No creas que por tenerte cerca no te veo.
En el camino que decidimos juntos
He aprendido de ti nuevas lecciones,
He sabido que todo lo que somos,
Todo lo que nos damos,
Todo lo que queremos,
Lo hacemos en primera del plural,
Sin condiciones.
Que nuestros ojos vieron nuevos paisajes,
Que cruzaron fronteras,
Que conocieron gentes,
Compartieron silencios,
Se llenaron de azules y de verdes.
Gracias porque una vez me miraron tus ojos…..
Hemos crecido tanto…..
En tan poco tiempo
Rosa Nogales