jueves, 18 de octubre de 2007

La Arcadia programa /15 de Octubre 2007


En el aniversario de la muerte de Ernesto “Che” Guevara.
El “Che” fue capturado el 8 de octubre de 1967
y ejecutado un día después en el pueblo de
La Higuera, en Bolivia.




Ella, la palabra, es el ave Fénix que resurge de las llamas. Regímenes totalitarios intentaron aniquilarla. Pilas de libros ardieron en las plazas con el nazismo, el estalinismo, el islamismo radical. Miles de libros que no quedaron soterrados entre cenizas, si no que se alzaron para escribir la historia con la antorcha de la dama de la libertad. Esa otra llama invisible que prende en nosotros y no se consume mientras haya un lector que la avive al tomar un libro, para con ese mismo acto darle vida.

IGNACIO GARCÍA VALIÑO.



Si yo fuera usted me quitaría el reloj y lo arrojaría tan lejos como me fuera posible. Aunque pensándolo bien, si yo fuera usted, probablemente haría lo que haría usted, y no lo que haría yo.

Déjeme, de todos modos, que le haga una pregunta. ¿Qué significa aquello que mencionaba hace un momento acerca de perder el tiempo? ¿Se puede perder el tiempo? ¿Se lo puede ganar? ¿Usted realmente piensa que una cuestión como el tiempo cabe en ese mecanismo que lleva atado a la muñeca? Cada día sale el sol a la hora que se le ocurre, los naranjos tardan lo que quieren en florecer y sólo Dios sabe los años que pasaremos sobre esta tierra. ¿Para qué preocuparse tanto de cuántos cuartos pasan de las ocho? Déjeme que le cuente una historia.

Al parecer ese reloj que tanto valora usted tuvo su origen en los monasterios. Siete veces al día te alabaré, rezaba el salmo, y a partir de ahí algún trasnochado decretó el implemento de las horas canónicas. Para medirlas y distribuirlas fue que se desarrolló el reloj. Siete veces al día sonaban las campanas y los vecinos del monasterio empezaron a obedecerlas. No se levantaban con el sol, sino con las campanas. No comían con el hambre sino con las campanas. Las campanas les indicaban la hora de ir a dormir. Y entonces el mundo – ese que se despliega ahí fuera, del otro lado de la ventana, ese que no sabe nada de segundos ni de minutos – se nos fue quedando chico, se nos fue matematizando y diluyendo en unidades. No hay un solo minuto que dure lo mismo que otro porque en el mundo del que le hablo (si es que existe tal cosa), en el mundo del que le hablo nada nunca se repite.

La matemática – y la metafísica, agregaría el poeta - , no son más que consecuencias de encontrarse indispuesto. Pierda el tiempo, hágame caso, arránquelo de su muñeca, déjelo que se convierta en vino en las barricas, que leve con el pan y que vuelto polvo y cenizas se mezcle de nuevo con la tierra. Extravíelo, mi amigo, que para nosotros los mortales no hay teorías ni mediciones. Sólo historias es lo que queda. Sólo contarnos historias.


Javier Argüello para el Cruce de las palabras. El país 22 Septiembre 2007



Las palabras son las piezas dentales del pensamiento, y la realidad sólo puede digerirse con una dentadura en buen estado.

Juan José MILLÁS


Vas recorriendo a solas el jardín,

Despacio y sin cuidados,

mentras el verso fluye

entre la niebla

y el asomo lejano

de la luz.

Todo lo que vas viendo

te sorprende.

¿Qué puedes esperar,

más de lo inesperado?

Que las hierbas que pisas

son carne de tu carne.

Que la luna saldrá

cuando tú se lo digas.

Que no hay diferencias

entre el jardín y tú.

Caminas muy despacio,

para que todo pueda sorprenderte.

Y te vas alejando,

tanto que, ya incapaz

el verso de seguirte,

se detiene.

José Corredor-Matheos

Del Libro “Un pez que va por el jardín”


Crónica Literaria de Antonio Cuartero

El pasado jueves 11 de octubre la academia Sueca dio su veredicto sobre el Premio Nobel de Literatura de este año, que recayó en la autora británica Doris Lessing.

La undécima mujer que recibe el galardón en la historia de los Nobel.

A los 87 años recibe el reconocimiento por toda su carrera, aunque en voz de Lessing:

- “Este es el premio más glamuroso, todo el mundo lo conoce, pero no quiere decir que sea el mejor”.

Doris nació el 22 de octubre de 1919 en el actual Irán. Luego de pequeña se traslado con su familia a Rodesia, Zimbabue en la actualidad. Con 19 años se casó y tuvo dos hijos y en 1949 se fue a Londres, donde tuvo otro hijo con su segundo esposo. Ha residido allí hasta la actualidad.

La Academia la ha descrito como una autora que retrata “la épica de la experiencia femenina” aunque ella ha respondido a esto:

- “No sé a lo que se refieren con eso, los hombres y las mujeres no son tan diferentes”

Son muchas las obras de Doris Lessing pero podemos destacar algunas como las más relevantes y que marcaron un hito en la literatura, como el “Cuaderno Dorado”, o su colección de relatos “La costumbre de amar”, “Vencida por la sábana” y “Canta la hierba” y entre sus libros más recientes “Mara y Dann”, e Historia del General Dann, de la hija de Mara de Griot y del perro de las nieves”

El libro que hemos mencionado “Cuaderno Dorado” tuvo en los sesenta y setenta una amplia repercusión y todavía hoy en el mundo del feminismo pues fue un fuerte pilar para esta ideología, sin embargo Lessing no es feminista en el sentido estricto de la palabra. Ella va un par de pasos por delante.

Como pequeña anécdota podemos decir que de las cosas que más ilusión le han hecho a la autora del premio ha sido la llamada telefónica que ha recibido de Gabriel García Márquez felicitándola, según ella es algo maravilloso porque le admira.


No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma,
un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué explosión contenida!
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
de saludarnos, de manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.

Después
(ya lo sabéis desde los quince años)
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos.
Todavía
un amor de «lo amo»,
de «usted», de «bien quisiera,
pero es imposible»... De «no podemos,
no, piénselo usted mejor»...
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aun seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte...
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.

Un poema de amor

Nicolás Guillén


Comentarios al atardecer. Antonio Cuartero

FAHRENHEIT 451. RAY BRADBURY

¿Os imagináis un mundo sin libros? ¿Un mundo donde la gente no lea? ¿Un mundo donde todas las personas esten conectadas a la televisión o a la radio las 24 horas del día? ¿Un mundo donde los bomberos encienden el fuego?

Este inimaginable mundo pero a la vez tan profético transcurre entre las páginas de Fahrenheit 451. En ellas nos sumergimos en la vida de un bombero, cuya misión es quemar libros, quemar todo aquello que hace al ser humano sentirse vivo.

En este mundo futuro, lleno de televisiones que ocupan todas las paredes, donde auriculares transmite a todas horas una insípida corriente de música y noticias, donde por las calles los coches corren a 150 kilómetros por hora, divirtiéndose atropellando a los peatones, donde todos viven con miedo, el miedo a una guerra inminente.

Y en medio de todo esto nuestro bombero hace saltar una chispa, la chispa de la curiosidad. En una de sus misiones como bombero en la quema de libros no puede evitar preguntarse, no puede evitar pensar, la curiosidad le puede. Roba un libro. ¿Qué es lo que esconden estos objetos? ¿Por qué se les persigue con este ahínco? Nuestro bombero es descubierto y se inicia una persecución alocada donde sus propios compañeros se han convertido en sus enemigos. Pero todavía hay gente que saben lo que es un libro, le ayudan y consigue escapar de la ciudad.

Para acabar en el seno de unos mendigos que viven en la periferia de la ciudad al margen de todo ese mundo. Y para su estupefacción en la mente de aquellos ladrones, mendigos, gente desechada por la ciudad encuentra a Platón, Marco Aurelio, Jonathan Twist, Charles Darwin, Schopenhauer, Einstein, Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Los libros todavía viven, viven en la mente de estos huérfanos de la civilización.

Con esta magnífica obra de ciencia-ficción Ray Bradbury, nos sumerge en un futuro estremecedor pero lleno de hechos proféticos más aún ya que este libro fue escrito en 1953. Con una narración muy poética que hace conjugar perfectamente con el clima de ciencia facción vamos pasando página a página.

El autor nació en Illinois, Estado Unidos en 1920. Fue un lector voraz aunque no pude asistir a la universidad por razones económicas pero esto no fue un impedimento para que se haya convertido en uno de los autores más importantes de ciencia ficción y fantasía. Ha desarrollado una amplia actividad en el mundo del cine, el teatro y la televisión. En 1989 fue nombrado Gran Maestro de la SFWA (Asociación de autores de ciencia ficción norteamericanos) y en 1999 recibió el SF Hall of Fame por toda su carrera.

Además existe un asteroide llamado Bradbury en su honor.

Por último tenemos que destacar una idea original que ha surgido a raíz de este libro, la Escuela de Lectura de Madrid junto con la colaboración de la Junta de Andalucía Y PAPEL (Pacto Andaluz por el Libro) han desarrollado el Proyecto Fahrenheit 451. Este proyecto consiste en una serie de cursos a todo el que esté interesado, en el que se enseñan diversas prácticas de memorización, lectura en público y diversas técnicas, para convertirse en personas libros. Cada persona eligirá el libro que desee y se aprenderá de memoria la mayor cantidad posible de texto, luego en la calle relatará estos capítulos a todo aquel que esté dispuesto a escuchar. Así surgen las personas libros como en la novela de Bradbury. El curso se irá impartiendo en diversas partes de Andalucía durante unos días, a Málaga llegará en el mes de noviembre.

Y por si todavía queréis saber algo más de esta novela, el enigma de su título tiene fácil solución, según palabras del autor “Fahrenheit 451: es la temperatura a la que el papel de los libros se enciende y arde”


Contigo nunca me siento desamada,

Si pierdo el rumbo, si me desoriento

Tomas mi mano y me devuelves el Norte,

Y si te pierdes tú

Soy yo la que toma tu mano

Y te regreso.

No creas que por tenerte cerca no te veo.

En el camino que decidimos juntos

He aprendido de ti nuevas lecciones,

He sabido que todo lo que somos,

Todo lo que nos damos,

Todo lo que queremos,

Lo hacemos en primera del plural,

Sin condiciones.

Que nuestros ojos vieron nuevos paisajes,

Que cruzaron fronteras,

Que conocieron gentes,

Compartieron silencios,

Se llenaron de azules y de verdes.

Gracias porque una vez me miraron tus ojos…..

Hemos crecido tanto…..

En tan poco tiempo

Rosa Nogales



Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que el ariete embiste contra la puerta. Un sólido portón de metal y madera que no tardará en hacerse trizas. Pesados y sudados hombre de hierro se amontonan en la entrada. Vienen a por nosotras. Las Buenas Mujeres rezan. Yo escribo. Es mi mayor victoria, mi conquista, el don de que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas por el gran silencio, hoy constituyen mi única arma.

Rosa Montero

La Arcadia / 8 de Octubre 2007



También los libros son manos, manos que esculpen las palabras y espigan el aire. Manos que se alargan como un zarcillo, en pos de es metáfora que duerme entre sus páginas, manos que arañan y acarician, que pacifican nuestro sueño y nos golpean con una bofetada de presentida belleza.
Y los libros que son manos, buscan otras manos que los gratifiquen, que apacigüen su fiebre, que amansen el caudal desbocado de la sangre negra que los habita. La sangre tumultuosa de las imprentas.
Y las manos del libro, y las manos de su lector, ese lector que han elegido para siempre, se funden en unos nuevos esponsales.

Juan Manuel de Prada.


Yo soy un pez,

Un pez que va por el jardín,

tan libre como un árbol.

Soy un árbol, que tiene

raíces en el cielo,

como un pájaro.

Y soy también un pájaro,

y son míos los cielos,

las aguas y la tierra.

¿Por qué, si soy un pez,

un pájaro y un árbol,

la angustia de ser hombre

hace que todo

me resulte, de pronto,

tan extraño?

José Corredor-Matheos nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1929. Vive en Barcelona desde 1936. En 2005 obtuvo el Premio Nacional de poesía por “El don de la ignorancia” (Tusquets Editores).Este poema pertenece al libro “Un pez que va por el jardín”, que Tusquets publicará este otoño.



Escribir o levitar.
El poema es sólo el espejismo del poema que soñamos.
Hondo, al final de la llaga está el poema.

Rafael Pérez Estrada


La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota. Lo Había visto llegar una mañana, caminando con los hombros erguidos sobre un paso sereno y había pensado: "Este hombre se cree Dios". Pero al rato de oírlo decir historias sobre mundos desconocidos y pasiones extrañas, se enamoró de él y de sus brazos como si desde niña no hablara latín, no supiera lógica, ni hubiera sorprendido a media ciudad copiando los juegos de Góngora y Sor Juana como quien responde a una canción en el recreo.
Era tan sabia que ningún hombre quería meterse con ella, por más que tuviera los ojos de miel y una boca brillante, por más que su cuerpo acariciara la imaginación despertando las ganas de mirarlo desnudo, por más que fuera hermosa como la virgen del Rosario. Daba temor quererla porque algo había en su inteligencia que sugería siempre un desprecio por el sexo opuesto y sus confusiones.
Pero aquel hombre que no sabía nada de ella y sus libros, se le acercó como a cualquiera. Entonces la tía Daniela lo dotó de una inteligencia deslumbrante, una virtud de ángel y un talento de artista. Su cabeza lo miró de tantos modos que en doce días creyó conocer a cien hombres.
Lo quiso convencida de que Dios puede andar entre mortales, entregada hasta las uñas a los deseos y las ocurrencias de un tipo que nunca llegó para quedarse y jamás entendió uno solo de todos los poemas que Daniela quiso leerle para explicar su amor.
Un día, así como había llegado, se fue sin despedir siquiera. Y no hubo entonces en la redonda inteligencia de la tía Daniela un solo atisbo de entender qué había pasado.
Hipnotizada por un dolor sin nombre ni destino se volvió la más tonta de las tontas. Perderlo fue una larga pena como el insomnio, una vejez de siglos, el infierno.
Por unos días de luz, por un indicio, por los ojos de hierro y súplica que le prestó una noche, la tía Daniela enterró las ganas de estar viva y fue perdiendo el brillo de la piel, la fuerza de las piernas, la intensidad de la frente y las entrañas.
Se quedó casi ciega en tres meses, una joroba le creció en la espalda, y algo le sucedió a su termostato que a pesar de andar hasta en el rayo del sol con abrigo y calcetines, tiritaba de frío como si viviera en el centro mismo del invierno. La sacaban al aire como a un canario. Cerca le ponían fruta y galletas para que picoteara, pero su madre se llevaba las cosas intactas mientras ella seguía muda a pesar de los esfuerzos que todo el mundo hacía por distraerla.
Al principio la invitaban a la calle para ver si mirando las palomas o viendo ir y venir a la gente, algo de ella volvía a dar muestras de apego a la vida. Trataron todo. Su madre se la llevó de viaje a España y la hizo entrar y salir de todos los tablados sevillanos sin obtener de ella más que una lágrima la noche que el cantador estuvo alegre. A la mañana siguiente le puso un telegrama a su marido diciendo: "Empieza a mejorar, ha llorado un segundo". Se había vuelto un árbol seco, iba para donde la llevaran y en cuanto podía se dejaba caer en la cama como si hubiera trabajado veinticuatro horas recogiendo algodón. Por fin las fuerzas no le alcanzaron más que para echarse en una silla y decirle a su madre: "Te lo ruego, vámonos a casa".
Cuando volvieron, la tía Daniela apenas podía caminar y desde entonces no quiso levantarse. Tampoco quería bañarse, ni peinarse, ni hacer pipí. Una mañana no pudo siquiera abrir los ojos.
-¡Está muerta! - oyó decir a su alrededor y no encontró las fuerzas para negarlo.
Alguien le sugirió a su madre que ese comportamiento era un chantaje, un modo de vengarse en los otros, una pose de niña consentida que si de repente perdiera la tranquilidad de la casa y la comida segura, se las arreglaría para mejorar de un día para el otro. Su madre hizo el esfuerzo de abandonarla en el quicio de la puerta de la Catedral.
L
a dejaron ahí una noche con la esperanza de verla regresar al día siguiente, hambrienta y furiosa, como había sido alguna vez. A la tercera noche la recogieron de la puerta de la Catedral con pulmonía y la llevaron al hospital entre lágrimas de toda la familia.

Ahí fue a visitarla su amiga Elidé, una joven de piel brillante que hablaba sin tregua y que decía saber las curas del mal de amores. Pidió que la dejaran hacerse cargo del alma y del estómago de aquella náufraga. Era una creatura alegre y ávida. La oyeron opinar. Según ella el error en el tratamiento de su inteligente amiga estaba en los consejos de que olvidara. Olvidar era un asunto imposible. Lo que había que hacer era encauzarle los recuerdos, para que no la mataran, para que la obligaran a seguir viva.
Los padres oyeron hablar a la muchacha con la misma indiferencia que ya les provocaba cualquier intento de curar a su hija. Daban por hecho que no serviría de nada y sin embargo lo autorizaban como si no hubieran perdido la esperanza que ya habían perdido.
Las pusieron a dormir en el mismo cuarto. Siempre que alguien pasaba frente a la puerta oía a la incansable voz de Elidé hablando del asunto con la misma obstinación con que un médico vigila a un moribundo. No se callaba. No le daba tregua. Un día y otro, una semana y otra.
-¿Cómo dices que eran sus manos? - preguntaba. Si la tía Daniela no le contestaba, Elidé volvía por otro lado.
-¿Tenía los ojos verdes? ¿Cafés? ¿Grandes?
-Chicos - le contestó la tía Daniela hablando por primera vez en treinta días.
-¿Chicos y turbios?- preguntó la tía Elidé.
- Chicos y fieros - contestó la tía Daniela y volvió a callarse otro mes.
- Seguro que era Leo. Así son los de Leo - decía su amiga sacando un libro de horóscopos para leerle. Decía todos los horrores que pueden caber en un Leo. - De remate, son mentirosos. Pero no tienes que dejarte, tú eres de Tauro. Son fuertes las mujeres de Tauro.
- Mentiras sí que dijo - le contestó Daniela una tarde.
-¿Cuáles? No se te vayan a olvidar. Porque el mundo no es tan grande como para que no demos con él, y entonces le vas a recordar sus palabras. Una por una, las que oíste y las que te hizo decir.
-No quiero humillarme.
-El humillado va a ser él. Si no todo es tan fácil como sembrar palabras y largarse.
-Me iluminaron -defendió la tía Daniela.
- Se te nota iluminada - decía su amiga cuando llegaban a puntos así.
Al tercer mes de hablar y hablar la hizo comer como Dios manda. Ni siquiera se dio cuenta cómo fue. La llevó a una caminata por el jardín. Cargaba una cesta con fruta, queso, pan, mantequilla y té. Extendió un mantel sobre el pasto, sacó las cosas y siguió hablando mientras empezaba a comer sin ofrecerle.
- Le gustaban las uvas - dijo la enferma.
- Entiendo que lo extrañes.
Sí - dijo la enferma acercándose un racimo de uvas -. Besaba regio. Y tenía suave la piel de los hombros y la cintura.
-¿Cómo tenía? Ya sabes - dijo la amiga como si supiera siempre lo que la torturaba.
- No te lo voy a decir - contestó riéndose por primera vez en meses. Luego comió queso y té, pan y mantequilla.
- ¿Rico? - le preguntó Elidé.
- Sí - le contestó la enferma empezando a ser ella.
Una noche bajaron a cenar. La tía Daniela con un vestido nuevo y el pelo brillante y limpio, libre por fin de la trenza polvorosa que no se había peinado en mucho tiempo.
Veinte días después ella y su amiga habían repasado los recuerdos de arriba para abajo hasta convertirlos en trivia. Todo lo que había tratado de olvidar la tía Daniela forzándose a no pensarlo, se le volvió indigno de recuerdo después de repetirlo muchas veces. Castigó su buen juicio oyéndose contar una tras otra las ciento veinte mil tonterías que la había hecho feliz y desgraciada.
- Ya no quiero ni vengarme - le dijo una mañana a Elidé -. Estoy aburridísima del tema.
- ¿Cómo? No te pongas inteligente - dijo Elidé-. Éste ha sido todo el tiempo un asunto de razón menguada. ¿Lo vas convertir en algo lúcido? No lo eches a perder. Nos falta lo mejor. Nos falta buscar al hombre en Europa y África, en Sudamérica y la India, nos falta
encontrarlo y hacer un escándalo que justifique nuestros viajes. Nos falta conocer la galería Pitti, ver Florencia, enamorarnos en Venecia, echar una moneda en la fuente de Trevi. ¿Nos vamos a perseguir a ese hombre que te enamoró como a una imbécil y luego se fue?
Habían planeado viajar por el mundo en busca del culpable y eso de que la venganza ya no fuera trascendente en la cura de su amiga tenía devastada a Elidé. Iban a perderse la India y Marruecos, Bolivia y el Congo, Viena y sobre todo Italia. Nunca pensó que podría convertirla en un ser racional después de haberla visto paralizada y casi loca hacía cuatro meses.

- Tenemos que ir a buscarlo. No te vuelvas inteligente antes de tiempo - le decía.
- Llegó ayer - le contestó la tía Daniela un mediodía.
- ¿Cómo sabes?
- Lo vi. Tocó en el balcón como antes.
- ¿Y qué sentiste?
- Nada.
-¿Y qué te dijo?
- Todo.
- ¿Y qué le contestaste?
- Cerré.
-¿Y ahora? - preguntó la terapista.
- Ahora sí nos vamos a Italia: los ausentes siempre se equivocan.
Y se fueron a Italia por la voz del Dante: "Piovverà dentro a l'alta fantasía."

De Mujeres de ojos grandes

Un cuento de Angeles Mastretta




Crónica Literaria de Antonio Cuartero

Nueva temporada y nuevos aires. Comenzamos nuestro primer número de la crónica literaria.

El “IX Premio Manuel Alcántara” para periodistas jóvenes organizado por el Diario Sur y la Universidad de Málaga con una dotación de 6000 euros ha sido otorgado a Jesús Martínez Fernández con su reportaje “El rap del extrarradio”. Este trabajo narra la forma de ver la vida que tienen los grupos de hip-hop y como lo expresan en sus canciones.

Además se han dado tres menciones especiales a Nacho Mirás, Leticia Álvarez y Damián Weizman.

La Expo Zaragoza 2008, Laberinto de las Artes y Escuela de Escritores convocan el Concurso Cuentos del Agua. De esta manera y siguiendo el tema de la próxima exposición internacional se pretende animar a los escritores hispanohablantes a trabajar con el agua como elemento creativo y que sirva de base o fuerza motriz para el relato. El concurso tiene una dotación de 6.000 euros y la publicación de diez relatos finalistas en la antología Cuentos del Agua. El plazo finaliza el 30 de noviembre.

El programa Hoy por Hoy de la cadena ser junto con Escuela de escritores han convocado un concurso de micro cuentos semanales. En el que cada cuento tiene que comenzar con la última frase del cuento ganador de la semana anterior en este caso “En ese instante, todos supimos que jamás volveríamos a vernos”. Tiene una dotación de 6000 euros por el mejor relato de la temporada. Cada martes se dará a conocer el ganador y cada viernes termina el plazo de presentación de los relatos.



Las manos se cogen de otras manos y los ojos se quedan fijos en tus ojos... Es el principio de la historia de nuestros corazones.

Es una noche de Mayo, brilla la luna, y el suave olor de plantas aromáticas se esparce por el aire. He dejado mi flauta olvidada y tú no has acabado de tejer tu guirnalda...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Tu velo azafranado me encandila. La corona de jazmines que has trenzado para mí me inunda el alma como un dulce piropo... Jugamos a dar y a hacer como que damos, a aparecer y a escondernos. Sonrisas, timideces, dulces peleas en broma...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

No hay misterio en este amor más allá de lo que se ve, ni deseo de alcanzar lo imposible, ni oscuridades tras el encanto, ni búsquedas en el abismo de la penumbra...

Nuestro amor es tan simple como una canción.

Las palabras no nos sumen en un eterno callar, ni elevamos al vacío las manos por encima de toda esperanza. Unicamente dar y recibir... No hemos pisado el gozo hasta extraerle el vino de la pena...

Nuestro amor es tan simple como una canción.


Rabindranath Tagore

El jardinero



Comentarios al atardecer. Antonio Cuartero

SEDA.

Alessandro Baricco

De pequeñas y delicadas puntadas Baricco ha construido esta preciosa novela. Es una novela corta que se lee del tirón pero que no os dejará indiferentes.

Herve Goncear es el protagonista de la historia. Un criador de gusanos de seda, que tendrá que hacer un viaje al lejano Japón para poder salvar Lavilledieu, su pueblo, pues una plaga ha arrasado los gusanos de Europa y necesitan nuevos gusanos para la nueva temporada. Todos por unanimidad eligen a Hervé para que vaya a Japón. Lo que no sabrán es que Hervé pronto ansiará volver. Allí ha encontrado algo maravilloso que lo cambiará para siempre. Este es el camino por el que anda el autor en la novela pero lo que esconde a su alrededor es impresionante, una bruma parece rodearlo todo pero conforme se vaya avanzando en la lectura esta se disipará para haceros ver un paisaje que os dejará sin habla.

El lenguaje que utiliza el autor es sencillísimo y quizás sea esta su mayor relevancia pues te hace bailar por esta novela, no sabría decir de amor, o desamor, deseo, o simplemente de la vida.

Alessandro Baricco su autor dice lo siguiente de ella “esta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia”

Este autor italiano ha tenido un éxito gigantesco con esta novela, en España ya llega a su 41ª edición. Baricco comenzó como crítico musical, luego comenzó su etapa literaria que es la que lo lanzó a la fama entre sus novelas y ensayos destacando: “Tierras de cristal”, “City”, “Sin Sangre”, “Homero, Iliada”. Además fundó en Turín una escuela de técnicas de escritura llamada Holden (protagonista del Guardián entre el Centeno, como homenaje a Salinger su autor). Esta escuela ha tenido un éxito clamoroso y ha servido como un fuerte incentivo para la creación literaria de nuevas promesas.

Baricco cuenta una pequeña anécdota de la novela que nos hace pensar sobre el destino y las coincidencias. Lavilledieu, es el pueblo donde transcurre la acción de la novela, el autor cuenta que para encontrar este nombre ficticio cogió un mapa de Francia, eligió a dedo dos pueblos y formó un vocablo con las dos palabras. Cuando la novela tuvo tan clamoroso éxito. Para sorpresa de Baricco, le llegó una carta del alcalde del pueblo Lavilledieu, ¡Existía de verdad! Proponiéndole que una visita al pueblo para inaugurar su biblioteca, además le contaba que en el siglo XIX, el verdadero Lavilledieu, habían tenido fábricas de gusanos de seda. Baricco se quedó sin palabras. Y aceptó encantado la propuesta del alcalde.

Poco nos queda por decir ya de esta novela, solo que si la leéis el eco de su música os durará siempre.


Hay una vida mejor, pero es carísima. Porque es carísimo dejar todo y salir al camino, pero vale la pena porque la vida anda al aire libre. Me gusta ese peligro y también me gustan las iglesias, tanto góticas, me gustan las francesas y las nórdicas y las otras.

Las fábricas me arruinan el paisaje y siempre estoy listo para el viaje.





domingo, 30 de septiembre de 2007

El retorno en la segunda temporada¡¡¡ ¿Guardamos en la memoria los crepúsculos que hemos leido antes de los que hemos vivido?

¿Es más real lo que leemos que lo que vivimos o lo que vivimos es real porque lo hemos leido?




¿Existía el amor antes de que la poeta Safo lo inventara con sus precisas etapas de ilusión, pasión, desengaño, hastío y dolor?


Regresamos en nueva temporada, con más ilusiones, nuevo horario y buenas propuestas para el futuro que se nos avecina. Esperamos contar con vuestra colaboración y que nos hagais llegar todas aquellas creaciones que puedan subirse a nuestra nave literaria, a este navío de las ondas malagueñas que quiere ser vehículo de expresión, animación a la lectura y goce con la misma. Gracias por vuestra compañía antes, ahora y deseamos que siempre. Estamos en Radio Voz de Málaga, 88.4 FM.







Uno de los encargos propios del verano consiste en regar las macetas de los amigos y los familiares que se van fuera de la ciudad. Cuando se viajaba menos, las casas se llenaban de geranios y aspidistras y las terrazas se convertían en pequeños jardines dominados por los atardeceres y los gatos. Ahora, como la gente suele tener dinero para costearse dos o tres vidas, las plantas son un inconveniente, y la población viajera, si es que conserva un resto de melancolía vegetal, necesita la mano amiga que riegue las macetas cuando sale de vacaciones o ejerce el turismo por el mundo.

Ayer fui a regar a casa de mis padres. Además de volver a las hiedras y los geranios de mi infancia, regresé también a los trabajados besos nocturnos del portal. Una pareja se besaba con la ciudad a sus espaldas, poniendo segundo a segundo un cuidado minucioso en los labios, en la lengua y en los dedos. Los ojos de la chica dominicana que sirve en uno de los pisos se cruzaron por un instante conmigo sin abandonar el beso. Como cuando era niño, me dio vergüenza interrumpir, abrí la puerta sin saludar y me perdí escaleras arriba. Hace muchos años que no me cruzaba en un portal con un beso de verdad. Los jóvenes de hoy tienen coches, apartamentos libres, o pasan las tardes y las noches en su habitación, al lado de sus padres, sin sospechar siquiera el protocolo de noviazgos interminables y la humedad furtiva de los rincones de la noche. Los ojos de la muchacha dominicana me recordaron la complicidad avergonzada de mis vecinas o el apuro de las sirvientas que, escondidas de su pueblo y de sus señoras, alargaban con un beso interminable los últimos minutos de un domingo por la noche. Algunos inmigrantes traen a España costumbres raras, formas de ser que pertenecen a una nueva realidad. Pero otros inmigrantes nos devuelven a nuestro pasado inmediato, a lo que era este país hace unos años. Hablan muy alto, se ríen con una alegría desbordada, regresan de los andamios con la piel manchada por el yeso, la fe en el porvenir y el instinto de supervivencia, y se despiden en los portales con besos largos, unos besos de ojos cerrados y minutos detenidos que son verdaderos refugios en la noche de la ciudad, casi la primera letra en el sueño de un piso.

La Fundación Largo Caballero ha preparado una exposición titulada “De la España que emigra a la España que acoge”. En este final de verano se presenta al público granadino en la sala de Caja de Granada. Las fotografías y los documentos recorren la historia de un país que desde finales del siglo XIX se acostumbró a huir de la pobreza a través de viajes poco turísticos. Los vapores hacia Cuba y Argentina, los trenes hacia Alemania y Francia, se llenaron de baúles y maletas, de gente que dejaba su tierra y buscaba nuevas raíces allí donde era posible conseguir un puesto de trabajo. Florecían entonces los centros asturianos, las casas gallegas o andaluzas, los ateneos españoles, que alargaban sus ramas por América y Europa, y publicaban revistas, y organizaban coros, cenas de hermandad o equipos de fútbol. A la pobreza se unió la política, los exiliados de la Guerra Civil se sumaron a la España peregrina de las fábricas y los talleres.

Es la historia de nuestros abuelos, de nuestros padres, de los que tenemos edad de haber visto los trenes del norte llenos de caras llorosas y pañuelos blancos. Muchos besos se interrumpían en el portal cuando el novio emigraba a una ciudad de nombre extraño y la novia pasaba los días esperando que llegase una carta de letra torpe con buenas noticias. Los besos de ahora brotan en los portales a través de labios latinoamericanos, rumanos o búlgaros. Se trata de un cambio mucho más profundo que el paso de la dictadura a la democracia. España es hoy un país de inmigración, de acogida, aunque la palabra acogida sea demasiado optimista si repasamos algunas fotos del catálogo de la exposición, con caras marcadas por el miedo en los cayucos, las orillas y los Centros de Internamiento para Extranjeros. Conviene regar las plantas para que no se sequen ni la conciencia, ni los besos.

“Los besos” / Luis García Montero – El País 8 de Septiembre 2007




Llamaron a la puerta. Era la primera vez que la veía. Entró con seguridad en una casa que no era la suya, y la dejé hacer. Parecía familiarizada con los momentos más altos de la casa y sus intimidades; y tras cerciorarse de que las cajas de gusanos de seda estaban en su sitio, abrió el balcón de par en par:

- No debemos perdernos el atardecer – sugirió.

Fue entonces la primera vez que habló conmigo. Su presencia nos emocionaba: Demasiado importante para mí, casi un milagro para quien empezaba a agotar la resignación ante la soledad y sus sevicias. Al anochecer se tendió a mi lado. Estaba temblando y yo también temblaba. Al poco la estreché desesperado junto a mi soledad. Fuera, en la calle, se oía incansable el ir y venir de la gente. Una noche en exceso ruidosa:

- Algún león anda en celo - dijo, y lo dijo con extraña naturalidad.

No quise contradecirla y la abracé más fuerte, no ya en mi soledad, sino en la necesidad de ella. Después se alzó y con gran habilidad encendió una hoguera en medio de la habitación, y pareció arder en los reflejos de aquellas llamas cuidadosas, domésticas. Luego, cubrió el lecho con un mosquitero, y nos amamos en el centro de la ciudad enloquecida, convertida de pronto en un continente salvaje e imposible.




Unas mesas vacías junto al mar.

Casi de madrugada, leímos unos versos.

Konstantín Kavafis escribió ese poema

en el que un viejo, desde el fondo oscuro de un café,

se arrepiente de haber malgastado su vida

con la excusa del futuro. El placer

llegaría, se dijo; tienes tiempo

de cumplir tus deseos.

No fue así,

y la edad se burló de su prudencia.

Un resto de sensualidad,

una mirada antigua permanece

en el paisaje de columnas rotas

del balneario: quiero que recuerdes

la luna llena sobre el mar en calma,

esta música leve que atraviesa la noche

y la vuelve distinta, despoblada

como un sueño. Y quiero decirte,

ahora que tu cuerpo es mi única patria,

mi tierra deseada y mi presente,

que no he de lamentar ocasiones perdidas.

Tal vez aquí, algún día,

se vuelvan a escuchar los versos de Kavafis

y acaso otros amantes nos sucedan.

También ellos verán, como nosotros,

un símbolo en la frágil,

desolada grandeza de las ruinas humildes.

El balneario / Antonio Jiménez Millán


Una frialdad de raso en la escalera

inventa otra mirada.

Alguien estuvo aquí

- un visitante, un huésped, un espía -,

alguien halló un su cuerpo

la claridad sin límites

del tiempo recobrado.

Y una leyenda escrita en la pared:

amor de nieve lenta y gesto sorprendido,

pide que el alba nunca nos despierte,

que no nos vuelva a separar cada día.


Antonio Jiménez Millán
Inventario del desorden

lunes, 16 de julio de 2007

LA ARCADIA XIII 26-06-07



LOS ÁNGELES MUERTOS

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban,
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.
Más en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes.
Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.

Rafael Alberti


Se convoca el IX Premio Nacional de Relatos Canaleta

Relatos originales, inéditos y no premiados de una extensión de 8 a 20 folios escritos en castellano. Cada autor podrá presentar un máximo de dos obras, por triplicado, bajo plica.

Primer premio de 1.200 euros y 50 ejemplares de la publicación.

Información de las bases en el teléfono: 959 495 132

Se convoca el Vigésimo noveno XXIX Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla

Las obras inéditas y no premiadas, de temática y procedimiento libres, tendrán una extensión mínima de 750 versos escritos en castellano. Se enviarán por correo bajo plica. Se admiten también envíos por correo electrónico. El fallo tendrá lugar en la segunda quincena de Octubre 2007. Primer premio de 18.000 euros y 25 ejemplares de la publicación.

Plazo de admisión: 15 de Agosto de 2007-06-24

Resto de las bases para información y envíos en el teléfono: 952 699 193

www.visor-libros.com



En la esquina hay un carrito que vende bocadillos de carne con todos los aderezos que desee el cliente. El olor se extiende por la calle y llega hasta este patio tan solemne. Nieva, hace mucho frío en esta mañana clara, irrealmente azul. Harlem fue un barrio de ricos que se marcharon cuando empezaron a llegar los emigrantes; ya se sabe, los ricos se pueden marchar cuando quieran; los ricos no ofrecieron resistencia al cambio. Aquí quedaron las casas con vidrieras y las escaleras con pasamanos de maderas nobles. Harlem es un mundo lleno de color y de músicas latinas a todo sonar; al menos en esta parte, que es una extensión de Santo Domingo. Las tiendas, los restaurantes, las agencias que envían dólares a la familia que quedó en el isla, los locutorios; todo parece un decorado postizo, pegado en las fachadas de los edificios que fueron lujo y ostentación allá por los principios del siglo pasado.

Harlem era uno de los barrios más elegantes de Nueva York y precisamente por eso el millonario Acher Milton Huntington, millonario de los de verdad, de los descaradamente ricos, decidió que aquí iba a crear su sueño, su sueño de España. Los edificios se disponen en torno a un patio y tienen sabor clásico. Dos leones saludan en las escalinatas y una urna barroca te da la bienvenida. Entras en un espacio para el asombro donde se pueden admirar desde restos romanos y árabes, hasta obra geniales de Goya y de Velásquez; todo envuelto en una atmósfera decadente, de otro tiempo, como los ficheros de la biblioteca con sus fichas amarillentas, con letras esmeradas. Afirmó Blasco Ibáñez que si se hundiera España por un maremoto, aquí quedarían suficientes testimonios de su grandeza.

La Hispanic Society es una realidad prodigiosa que se corresponde con la visión de España que tenía su fundador y que era la dominante en el pensamiento de la época. Esta imagen tiene su origen en los viajeros románticos y es la de una gran nación, con un pasado extraordinario y muy decaída en el presente; no hacía mucho que Estados Unidos la había derrotado en Cuba y Filipinas. Una nación pintoresca, apasionada, adornada con los tópicos que han ido alimentando el imaginario a lo largo del tiempo.

En el centro del patio, lanzado al galope, enarbolando la lanza, arrollador; temible, valiente, encarnación de esa España que Huntington amó tanto, la estatua del Cid. No es necesario ir a Nueva York para verla, una réplica está delante de la Fábrica de Tabacos de Sevilla. Fue una donación de la autora, Anna Hyatt, escultora de prestigio y esposa del mecenas. Allí, entre la nieve, el Cid, como en el poema de Manuel Machado, cabalga. No hay que olvidar que Huntington tradujo al inglés el poema épico que tiene a Rodrigo como protagonista.

No se puede hablar del Cid sin referirse al patriarca de la filología española, a don Ramón Menéndez Pidal, más Cid que el histórico, intérprete y casi creador del mito porque de mito se trata. No es fácil comprender desde nuestro parámetros que durante un dilatado período de tiempo la figura del Cid ocupara un lugar central en la visión de España, en la visión tradicional. Rodrigo fue el caballero sin tacha que derrotó a los moros y les conquistó Valencia, fue el vasallo fiel que soportó las injusticias de su rey, esposo y padre amantísimo; en fín, encarnación de todas las virtudes, el Roldán español, porque no olvidemos que todos los paises tienen sus héroes. Claro está que la verdad del personaje tiene más matices, muchos más de los que nos cuenta el cantar de gesta que se redactó hace 800 años.

No es el lugar de ponerse erudito pero es necesario detenerse en la construcción del personaje. Pidal crea, insisto, crea, un Cid a partir del texto del poema que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. El investigador tiene las ideas claras, Castilla y su lengua son el núcleo de España y la poesía épica es la más adecuada para definir un condado heróico que después fue reino; un reino entregado a la tarea de reconquistar las tierras que fueron de la monarquía visigoda y que los árabes habían invadido. Para Pidal, Espara era una nación al menos desde los romanos esa unidad la había roto la invasión musulmana. Un buen héroe para encarnar esta gesta era el conde Fernán González, que también tiene su poema, al que dediqué años de estudio; pero, al final, fue Rodrigo el elegido para dar sentido a una interpretación de España.

En el poema se ha querido ver el realismo propio de la literatura española, la poesía contenida pero llena de belleza, el honor; el cumplimiento del deber; todo un universo elevado a la máxima potencia que Angel Valbuena definió con tres palabras; castellanismo, sobriedad y exactitud; por supuesto, afirma que estamos ante una obra que sólo puede considerarse perfecta en todos sus términos.


Crónica de Antonio Cuartero

Última semana de junio, niños y niñas sin colegio, preparando maletas, el calor en todo su apogeo y nuestra agenda cultural sigue su camino.

Nuestro ciclo de cine japonés que nos ha estado presentando el CAC de Málaga termina esta semana dejándonos como plato final “Los hermanos Mamiya” del director Yoshimitsu Morita, este miércoles 27 de junio a las 19:00 horas. Como siempre la entrada será libre hasta completar aforo.

Unicaja nos recuerda que el próximo día 29 de junio termina su convocatoria del IX Premio Novela de Unicaza “Fernando Quiñones”. Cuenta con una dotación de 30.000 euros para el primer premio y 6000 euros para el finalista, además de un busto del prestigioso escultor Miguel Berrocal. Y ambas novelas serán publicadas por alianza editorial con difusión internacional.

También esta semana se convoca el I Premio de Ensayos Literarios por parte del Colegio Oficial de Graduados Sociales de Málaga y Melilla. Los temas de dicho certamen versaran entorno a temas sociales malagueños. El plazo de presentación será hasta el 31 de julio. Para más información consultar las bases completas en ww.srsmalga.net.

La Fundación Unicaja presentó el pasado jueves una exposición de pintura titulada “Maternidades 1997-2006”. Esta exposición ha sido organizada por la Fundación Unicaja con obras del pintor malagueño Jorge Rando. La obra permanecerá expuesta en el La Sala de Exposiciones de Unicaza de la calle Calvo s/n hasta el 21 de julio

El sábado pasado día 23 se hizo entrega del XV Premio Manuel Alcántara de Poesía que ha recaído en Pedro González Moreno. El acto se celebró en el castillo de Gibralfaro y el ganador recibió el premio de manos del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y del vicepresidente de la Fundación Unicaza, Mariano Vergara. El título del poema ganador ha sido “Mañana, la intemperie”

Para más información consultar malaga.es, malgaes.com, dpm-cultura.org, cac.malaga.org


Fuimos cómplices de su imaginación. Sólo nos pedía la complicidad. Nunca quiso el oropel de las cosas tenidas por importantes. Justo es decirlo, en cierta ocasión, de manera impropia en un ser tan discreto, tomó una vieja espada de su mundo ficticio y, amenazándonos, nos exigió parte del mar: Me contento con las cosas más hermosas, aquellas cuyas arenas son polvo de berilo, de jaspe y ónice. Quiero esas playas porque sus caracolas son políglotas y sabias, y no tienen la tope inclinación de remedar constantemente la voz de los océanos como lo hacen las otras caracolas (incluso las filipinas, nacidas para adornar la superficie silenciosa de los pianos solitarios). Y, ya más sosegado, desvió la cuestión a la singularidad de una caracola nacida del mar Índico, que es religiosa, tanto que hoy es guardada en la Meca, y allí repite sin cansancio las más bellas suras, la que en verdad complacen al Todopoderoso, y las recita con la cadencia de las olas, rítmica y piadosamente.

Cómplices

De “La luz de las palabras”

Rafael Pérez Estrada


Lo he escrito en alguna ocasión, el amante de los libros, el apasionado por esos objetos y no sólo por lo que contienen, es un enfermo, un adicto sin remedio; menos mal que la lectura no está castigada porque si así fuera unos pocos seríamos condenados a la pena capital de no tener un volumen que llevarnos a los ojos, al tacto de las manos, a la naríz; en casos extremos, a la boca porque, parece según datos fehacientes, que también existen los bibliófagos. Hace algunos años pronuncié el Pregón de la feria del Libro; fue un texto improvisado que se ha convertido, como ocurre con los que quedan en la memoria, en una especie de leyenda. En ese Pregón no publicado y siempre listo para editarse defendí que por un libro se puede asesinar y me extendí en este supuesto sin necesidad de recurrir a Eco. Ejemplos hay en la historia. La pasión por el libro es una de las manifestaciones de la pasión amorosa y es necesidad de vivir de muchas maneras y por medio de muchas voces. Leer es explorar con la imaginación, justo lo contrario de lo que nos propone la sociedad actual, el mundo global, que sólo entiende de imágenes.

La biblioteca de noche

Alberto Manguel


Las lágrimas recorrían sus mejillas por primera vez en muchos años.

Intentó recordar cuando fue la última vez que lloró de aquella manera pero no lo conseguía, quizás esta era la primera vez que lo hacía así, un llanto de puro dolor, de pura desesperación, un llanto de muerte.

Débilmente forcejeó con el puño de su camisa hasta descubrir su muñeca donde descansaba una finísima pulsera de plata, que se apremió en limpiar del barro y la mugre que tenía. Suavemente se la llevó a los labios para depositar en ella un beso. Esperando que ese beso recorriera el vínculo que unía a aquella pulsera con su hermana, y su beso llegara hasta ella y a la vez a su hija dueña de la pulsera gemela.

Hizo un amago de sonrisa al recordar la pregunta de su hija, de hacía ya algún tiempo

- ¿Papa tú no lloras?

- No nunca – a lo que su hija respondió con una mirada desdeñosa,

- Quizás no lloro nunca porque se me han secado los ojos de llorar…

Pero parecía que no era así, pues una profunda inundación abarcaba ahora sus dos ojos. Era casi grotesco que instantes antes de morir no lloraba por el hecho de morir, sino por el hecho de saber que no iba a ver a sus seres queridos, que no vería jamás a su hija. Toda una vida pensando en la terrible y horrenda muerte, para descubrir que esto no era lo que asustaba, sino el hecho de perder a tus seres queridos.

Y lloraba, lloraba por ella, por su hija. Porque no volvería estar a su lado, porque no volvería a verla, a tocarla, a abrazarla, a besarla, a ayudarla en sus momentos difíciles, a enseñarle a descubrir el mundo, a verla dormir, cuantas cosas….

Se le escapó una serie de gemidos incontrolables que dieron paso a unos sollozos desgarradores. Mi hija..., mi hija..., ¿Cómo iba a seguir adelante? ¿Quién la ayudaría? Nadie veía a su hija tal y cómo él la veía, tal y cómo él la conocía.

¡Dios mío! Mi hija, mi hija, mi hija…

Pero… podía hacer algo, sí. Podía hacer una última cosa por ella, podía darle un último aliento, un último suspiro, una nueva esperanza…

Sonrió por última vez antes de que sus ojos perdieran el brillo de la vida.

Las lágrimas recorrían por primera vez sus mejillas en muchos años.

Cómo tantas veces había hecho a lo largo de su vida, besó suavemente la pulserita de plata que llevaba en su muñeca para que le diera ánimos o simplemente porque se había convertido en un acto simbólico para ella.

Miró hacía el lado derecho de su cama, donde antes dormía él. Luego miró a la puerta, entreabierta, por si los niños lloraban.

Estalló en sollozos, aquellos instantes de la noche eran los únicos en los que se podía permitir llorar, gemir, dejarse caer… durante el día no podía derrumbarse…

Notó la presencia de algo, de pronto miró al fondo de la habitación donde estaba el armario, allí había un hombre.

De la impresión dio tal salto de la cama que cayó a los pies sin apartar la mirada de aquel hombre.

Estaba sentado con la espalda apoyada en el armario, vestía un uniforme militar apenas perceptible por el barro y la mugre que lo impregnaba.

Su mano izquierda intentaba contener el chorro de sangre y vísceras que le salían de su estómago y que iban inundando poco a poco todo el suelo a sus pies.

Miró a los ojos de aquel hombre y su mirada se la devolvieron unos ojos verdes, como los de ella. Y se dio cuenta que estaba llorando, dos ríos de lágrimas recorrían su cara.

- Sé fuerte, mi niña, sé fuerte, estoy aquí, contigo siempre.

Tras estas palabras se llevó su muñeca derecha a los labios y beso brevemente una pulserita de plata.....Desapareció.

UNA NUEVA ESPERANZA

Antonio Cuartero